La mayoría de los abogados confiesa sufrir ansiedad, y los colegios empiezan, por fin, a poner medios reales.
«El agotamiento es parte del uniforme.» La frase circula en los pasillos del sector jurídico desde hace años, casi como un código no escrito que nadie cuestiona en voz alta. Disponibilidad total, perfeccionismo constante, la idea de que dudar o pedir ayuda es síntoma de debilidad profesional. LexLatin lo resume con precisión: el que cuida, asesora y defiende a otros, según esa lógica, no puede fallar, ni siquiera ante sí mismo.
Esa lógica, durante mucho tiempo invisible porque nadie la medía, empieza a tener cifras encima de la mesa. Y son cifras que cuesta leer sin incomodarse.
Lo que dicen los datos cuando alguien se atreve a preguntar
El primer estudio realizado en España sobre esta cuestión, elaborado por la Fundación ICAM Cortina, brazo social del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid, encuestó a más de mil colegiados de distintas edades y tipos de despacho. El resultado: el 60% de los abogados padece ansiedad y casi la mitad ha experimentado fatiga, pensamientos negativos y alteraciones emocionales, según recoge Noticias Jurídicas. Seis de cada diez. No es una minoría especialmente vulnerable. Es la mayoría del colectivo describiendo su propia normalidad.
El propio decano del ICAM, Eugenio Ribón, lo planteó sin disimulo al presentar los datos: «los niveles constantes de estrés, los plazos improrrogables, la necesidad de captar nuevos clientes y la naturaleza individualista de nuestra labor crean una tormenta perfecta para descuidar nuestro bienestar». Y añadió un dato que pesa tanto como el primero: un 41% de los abogados madrileños evita hablar de salud mental por temor a repercusiones profesionales, según ha precisado la propia Fundación ICAM Cortina. El problema, en otras palabras, no es solo que exista. Es que buena parte de quienes lo sufren prefieren callarlo.
Esto no ocurre en el vacío. La encuesta europea OSH Pulse 2025 sitúa a España entre los países de la Unión Europea con peores indicadores de salud mental laboral: un 40% de los trabajadores españoles vincula directamente su ansiedad o depresión con el trabajo, once puntos por encima de la media comunitaria, según recoge una guía de prevención de riesgos psicosociales. La abogacía no inventa el problema. Lo concentra, por la combinación de plazos rígidos, exposición constante al conflicto ajeno y una cultura profesional que durante décadas trató el desgaste como mérito.
Lo que están haciendo los colegios, que no es poco
Frente a ese diagnóstico, algunos colegios profesionales han empezado a moverse con una rapidez que contrasta con la inercia habitual del sector.
El ICAM lanzó en mayo de 2023 el programa Bienestar Integral, gestionado a través de su Fundación ICAM Cortina, que incluye dos líneas telefónicas gratuitas (una de atención psicológica y otra de acompañamiento emocional disponible las 24 horas), un itinerario formativo de diez talleres, sesiones de coaching ejecutivo y, según ha detallado la propia Fundación, ayudas económicas específicas para tratamientos de salud mental. El programa fue reconocido en 2026 con el Premio Madrid Excelente, un reconocimiento que, más allá del valor simbólico, certifica que la iniciativa ha pasado de gesto puntual a política institucional sostenida.
El Colegio también distribuyó entre despachos y profesionales un «Kit de Salud Mental» que incluye, entre otros materiales, un Plan de Desconexión Digital pensado para frenar la hiperconectividad que caracteriza al ejercicio jurídico actual, y un manual de primeros auxilios psicológicos dirigido a quienes detecten señales de alarma en compañeros, según ha explicado el propio Colegio. La iniciativa no se queda en lo individual: incluye un programa específico, Bienestar Despachos, dirigido a convertir a socios y responsables de recursos humanos en agentes activos del cambio cultural dentro de sus firmas. En su primera edición participaron despachos como Uría Menéndez, Pérez-Llorca, Clifford Chance, Ashurst o Ceca Magán, lo que indica que el discurso ha empezado a entrar también en las grandes estructuras, no solo en el ejercicio individual o en el turno de oficio.
Madrid no es un caso aislado. El Colegio de Abogados de Sevilla firmó en 2025 un convenio con el Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental para ofrecer atención psicológica especializada a sus colegiados, con talleres de autocuidado emocional incluidos, según recoge la prensa local. El decano sevillano lo resumió con una frase que hace pocos años habría sido impensable en un comunicado institucional de un colegio profesional: «la salud mental no puede ser un tabú en nuestra profesión».
El concepto de abogado que empieza a quebrarse, para bien
Quizás el dato más interesante de todo este proceso no sea ninguna cifra de ansiedad, sino un cambio de actitud que los propios estudios detectan entre generaciones. El informe del ICAM señala que el cambio de mentalidad hacia la apertura sobre salud mental está especialmente presente entre las mujeres y los profesionales más jóvenes, que muestran menos apego al estigma tradicional que sus compañeros de mayor edad.
Eso apunta a algo más profundo que una simple diferencia generacional de carácter. Apunta a una redefinición silenciosa de qué significa ser un buen abogado. El modelo heredado, el del profesional disponible a cualquier hora, capaz de sostener cualquier presión sin que se le note, empieza a convivir con otro que entiende la disponibilidad absoluta no como virtud sino como riesgo, tanto personal como para la calidad del propio trabajo jurídico. La propia LexLatin lo plantea sin rodeos: «la excelencia no debe ser enemiga del bienestar», y advierte de que confundir compromiso profesional con disponibilidad total es, simplemente, una vocación mal gestionada.
Esa redefinición no está todavía consolidada, y sería ingenuo presentarla como un cambio completado. Sigue habiendo un 41% que prefiere callar antes que arriesgar su reputación profesional. Pero el hecho de que existan ya colegios profesionales midiendo el problema, distribuyendo recursos concretos y reconociendo públicamente que la cultura del agotamiento como mérito ha hecho daño, es en sí mismo una transformación del concepto de abogacía que hace una década parecía impensable. No resuelve el problema. Pero lo saca, por fin, del armario donde había permanecido durante demasiado tiempo.
Fuentes citadas
- Noticias Jurídicas, «El 60% de los abogados padece ansiedad; casi la mitad, depresión, según un estudio del ICAM»
- Fundación ICAM Cortina, «El programa Bienestar Integral recibe el Premio Madrid Excelente»
- Fundación ICAM Cortina, «Bienestar Integral ICAM»
- ICAM, «Manual de primeros auxilios psicológicos para abogados»
- Teleprensa, «Los colegios de Abogados y de Psicología acuerdan asistencia especializada a los letrados ante el estrés»
- LexLatin, «Burnout, estrés y salud mental: los retos del autocuidado en la profesión legal»
- Trabajo y Personal, «Estrés laboral en España: causas, datos 2025, marco legal y estrategias de prevención»




